13 diciembre 2021

5 relatos navideños de terror | Especial Navidad 2021 (I)

¡Ya están de vuelta las fechas navideñas! Uno de los mejores momentos del año para leer en la comodidad del hogar. Así que me gustaría compartir con vosotros/as la primera parte del Especial Navidad 2021 😃, que consiste en una recopilación de los relatos navideños de terror que escribí en Navidades pasadas.

A continuación, se incluyen los relatos:
  • El regalo rojo.
  • Una oveja en Navidad.
  • Indiscreta Navidad.
  • Paisaje en una fotografía.
  • Adornos.
¡Espero que os gusten!

EL REGALO ROJO


Un relato para el Especial Navidad 2016 y «Desafíos de Escritura». El reto era escribir una historia donde predominase un color, sin repetir palabra en el mismo párrafo. Elegí el color rojo.


El regalo rojo

—Veamos, hábleme de ese regalo.
—Pues… lo encontré en la puerta de mi casa, al llegar del trabajo. Como quedaban unos días para Navidad, supuse que alguien me lo envió. Se trataba de un hermoso paquete de regalo rojo sin tarjeta ni remitente. Me atrajo irremediablemente el papel brillante que lo envolvía y su hermoso lazo escarlata. Era como si alguien lo hubiese preparado con mucha dedicación.
—Ahá.
—Lo cogí y entré en casa. Lo dejé sobre la mesa del salón y enseguida sentí cómo crecía en mi interior un incontrolable afán, casi hipnótico, por abrir esa condenada caja. No obstante, pensé que ya quedaba poco para Navidad y se suponía que no debía ser abierto hasta ese día. Me dirigí hacia la cocina. Tenía hambre. Me hice con una manzana y volví al salón. Pero mi mano se abrió por sí sola para dejarla caer, pues en cuanto entré en la estancia vi que el paquete bermellón se encontraba en otro sitio. Sobre el sofá.
—¿Y puede decirme con seguridad que no lo dejó ahí en lugar de en la mesa?
—Eso mismo pensé yo al principio. Dudé… cogí el paquete y volví a colocarlo en la mesa. Después me agaché para recoger la fruta, apartando la vista del paquete y cuando me incorporé, enorme fue mi sorpresa al encontrar el regalo granate de nuevo en otro lugar. Estaba sobre uno de los muebles. Aquello me inquietó. Así que tomé el paquete, lo dejé fuera, donde lo había encontrado, y cerré la puerta con llave.
—¿Entonces no era para usted?
—No lo sé, ya le he dicho que no llevaba ninguna tarjeta.
—Está bien. Continúe.
—Durante el resto de la tarde me olvidé y me fui a la cama temprano. Vi la tele durante un rato, cambié de canal. Todos estaban repletos de anuncios en los que Papá Noel se surtía de regalos en los grandes almacenes. Finalmente, me dormí. Aunque fuera una hora temprana de un viernes por la noche. Durante la madrugada, desperté, encendí la luz de la mesilla y me dirigí hacia el baño. Después regresé a la cama, ¡pero todo el sueño que tenía se desvaneció súbitamente cuando encontré el maldito paquete de regalo carmesí sobre las sábanas! Enseguida fui hacia la puerta de mi casa y comprobé si estaba cerrada. Lo estaba. Emprendí la marcha entonces hasta el dormitorio y, al llegar al salón, encontré el paquete sobre la mesa. Sentí una mezcla de furia y temor. Arrojé el condenado regalo por la ventana, pero no sirvió de nada, tras dormir un par de horas, volví a encontrarlo en el salón, esta vez bajo la mesa. Sé que parece una locura, pero le aseguro que todo lo que digo es cierto.
—¿Ha sufrido más estrés de lo habitual últimamente?
—No. No se trata de eso.
—¿Ha ingerido algún tipo de sustancia?
—¡¿Qué?! ¿De verdad me está haciendo esa pregunta?
—Conteste, por favor.
—No, no lo he hecho.
—Entonces, ¿cómo explica todo esto que me está contando?
—No lo sé. No tengo ni la menor idea.
—Está bien, esto es lo que haremos…
—Espere, aún no he terminado. Hay más.
—Pues cuénteme.
—Traté de deshacerme varias veces del regalo rojo, pero vuelve a mí. No importa lo que haga. Me desesperé y lo abrí. ¡Porque estaba perdiendo el control! Pensé que eso era lo que quería: que lo abriera. ¡Es un regalo! ¿No es eso lo que se supone que hay que hacer con ellos?
—Sí.
—Pues lo abrí, eso hice.
—¿Y qué ocurrió?
—Vi su interior. Había un enorme vacío. Una oscuridad aterradora. Era como si la caja no tuviese fondo, como si me asomara a un mundo de tinieblas. Y desde entonces… desde que lo abrí… cada noche tengo la misma pesadilla…
—¿Qué pesadilla?
—Me rodean cuatro paredes rojas… No hay puertas ni ventanas. Miro hacia arriba y veo que donde debería haber un techo no hay nada, sino una tapa enorme, medio abierta. Para mi temor deduzco que estoy dentro del regalo…
—¿Dentro del regalo?
—Y cada noche, esa tapa está más cerrada y el interior más oscuro. Tengo miedo de que termine cerrándose conmigo dentro.
—¿Cree que es eso lo que ocurrirá?
—¡Sí! Creo que una noche terminará por cerrarse… Lo creo…
—No, no lo crea.
—Claro que lo creo. ¡Eso es lo que terminará pasando!
—Por supuesto, por eso digo que no lo crea. No debe creerlo, puede estar seguro de ello.
—¿Cómo dice?
—Pues que eso es lo que ocurrirá. Que el regalo se cerrará. Tiene usted toda la razón.
—¿Qué?
—Y esa es mi parte favorita —sonrió y señaló hacia el techo.
—Pero… ¿qué…? —Mientras la inquietud le oprimía el pecho miró hacia arriba. De repente, el techo era la tapadera del regalo. Las paredes se volvieron del color de la sangre.
—Ya se cierra —reía.
—¡No! ¡No! Un momento… ¡Espere! ¡No! —gritaba mientras se sellaba el techo y todo se sumía en la más absoluta oscuridad.
—Le doy la bienvenida a su nuevo hogar.
—¡¿Qué?! ¿Pero qué está diciendo? ¿Dónde estoy? ¿Estamos dentro del regalo? ¿Qué está pasado?
—No se preocupe, tendrá mucho tiempo para comprenderlo… Ah, por cierto. ¡Ya es el día! ¡Feliz Navidad!


FIN



UNA OVEJA EN NAVIDAD


Terror navideño con un toque de humor negro. ¡Una oveja busca venganza! Escrito para el Especial Navidad 2019 participando en la iniciativa de escritura «VadeReto» (había que incluir las imágenes y el comienzo propuestos).

Una oveja en Navidad

Era una noche tan fría que hasta los árboles tiritaban. Ningún animal se atrevía a salir de su guarida y las blancas calles dormían totalmente desiertas. Las chimeneas escupían convulsivamente las sobras de las casas y los cristales empañados de las ventanas impedían ver el interior de las familias.

Esa noche tenía un trabajo que realizar y nada ni nadie en el mundo me impediría ejercer mi encargo. Tal vez fuera la última vez en mi vida, pero, ni el clima más despiadado ni el deseo por el calor de mi dulce hogar me harían desistir en mi cometido.

Volví a comprobar mi puñal, la cuerda y mi ansiedad, y sin más demora, me adentré en el pueblo…
***

Había recorrido mucho camino para poder llegar a este lugar tan apartado, precisamente la noche de Navidad, pero pensándolo bien, era la oportunidad perfecta, pues todos estaban demasiado ocupados. Pero vamos por partes, como dijo Mr. Hyde. ¿O era Jack el Destripador? Da igual... Solo soy una oveja, no leo libros, me los como. Para disimular, me puse un gorro navideño. Si una oveja parece inofensiva de por sí, imaginaos una con un gorrito como este. Mi plan era perfecto: Esquilar al humano que compró la lana de mi prima antes de que llegara el invierno. Ella lo quería así, pero no se atrevía a venir. Así que me ofrecí voluntaria.

Lo primero era encontrar al humano. Me costó, pero finalmente di con él. Afortunadamente, abandonó su cabaña para tomar el aire. Nerviosa, le atraje hasta donde quise, arrojando unas monedas en el suelo, lo que más les gusta a los bípedos.
—¿Y esto? ¿De dónde han salido? Parecen antiguas… —se preguntaba al tiempo que se agachaba para recogerlas.

Entonces, le di una buena coz y lo envié a dormir. Cuando despertó, ambos estábamos en un pequeño establo, tan solo iluminado con la luz de una vela.
—¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este? —preguntaba inquieto, atado a una silla.
Un pollo y un caballo me echaron una mano y ahora se dedicaban a mirar el espectáculo que estaba por acontecer.
—Feliz Navidad, humano. Llegó tu hora —le dije y tomé el puñal con mi boca.
—¿Qué? ¿Qué se supone que vas a hacer? ¿Matarme? No serás amiga del pavo…
—¡No! Voy a esquilarte.
El humano comenzó a reír.
—¿Pero qué broma es esta? Las ovejas ni siquiera hablan. Creo que he bebido demasiado.
—¡No es una broma! Mira a tu alrededor y piensa bien, humano. Como dijo el dr. Frankesnstein: “Cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto”.
—¿Eso no lo decía Sherlock Holmes?
—¡No importa! Te voy a esquilar y con tu cabello haré un abrigo.
—¿Pero tú le has visto bien? No te dará ni para un guante —carcajeó el caballo.
—¡Basta ya de risas! Allá voy —afirmé con decisión y, con mi cuchillo, con sumo cuidado, privé al humano de su cabellos.

Cuando lo hube desprendido todo, dejé el puñal a un lado. Reuní el pelo en una maraña y le coloqué un precioso lazo.
—El regalo de Navidad perfecto para mi prima —dije entusiasmada.

Deseaba dárselo lo más pronto posible, así que me dispuse a marchar sin más demora. Sin embargo, justo antes de abandonar el establo, escuché a mis espaldas un alarido estremecedor.

Miré hacia atrás, el caballo observaba con estupor y asombro.
Sin que me diera cuenta, el pollo había tomado mi puñal y lo había hundido cruelmente en la garganta del humano.
—¡¿Qué?! —nos dijo el ave a ambos con una frialdad que calaba hasta los huesos—. Yo sí era amigo del pavo.

FIN




INDISCRETA NAVIDAD


Alguien se asoma a la ventana... Microrrelato Especial Navidad 2020participando en la iniciativa de escritura «VadeReto» (había que escribir un relato de terror en Navidad).


Indiscreta Navidad

Aquella Nochebuena de 2020 fue muy distinta a las demás: mascarillas, distancia de seguridad, hidrogel… Sin embargo, contra todo pronóstico, esto no fue lo que resultó más extraño. Mientras cenábamos, con todas las precauciones dictadas por Sanidad, mi atención se desvió unos momentos hacia la ventana del salón. Fue entonces cuando me sobresalté al ver que alguien nos observaba a través del cristal, desde la calle, mediante un hueco que había quedado entre las cortinas.

Podría parecer un acto común, una indiscreción por parte de algún vecino fisgón o, quizá, un niño, me costaba distinguirlo bien. Lo que sí podía percibir es que sus ojos imprudentes e inoportunos se clavaban insistentemente, como afilados puñales, en el interior de una casa ajena a la suya, tal vez con la única finalidad de husmear.

Aunque resultase incómodo, sí, podría parecer normal… Si no llega a ser porque vivimos en un sexto piso.


FIN



PAISAJE EN UNA FOTOGRAFÍA


Microrrelato Especial Navidad 2018para el «Reto: 5 Líneas». Consistía en escribir un microrrelato que incluyera las palabas: cadena, primera y casa y el escenario de un paisaje nevado.


Paisaje en una fotografía

En la primera fotografía que encontré, dentro de una vieja caja en el desván, aparecía una antigua casa rodeada por un paisaje nevado. Pensé que sería un adorno perfecto y la coloqué en el salón, junto a la decoración navideña. Sin embargo, fue un error desconocer su historia. Horas después, me hallaba sujetando el crucifijo de mi cadena mientras observaba la sombría figura que se manifestó en la imagen, junto al caserón.

FIN



ADORNOS


Un relato para el «Proyecto Copo de Nieve», Especial Navidad 2015. El requisito era escribir un relato que transmitiera sentimientos propios de estar con la familia y/o los amigos (felicidad, nostalgia, gratitud...). Traté el tema enfocándolo a los árboles de Navidad naturales utilizados en estas fechas, los cuales no sobreviven más allá de ellas (a no ser que sean replantados). La mejor opción es acudir a viveros especializados y no arrancarlos de la naturaleza. 


Adornos

Se acercaba la Navidad y para él se trataba de una fecha muy especial porque era la primera que le tocaba pasar con sus hijos, tras el divorcio. Vivían en un caserón de sus antepasados, apartado, cerca de un frondoso bosque. El aislamiento y la soledad desencadenaron los primeros problemas con su esposa y ella terminó por abandonar el lugar. No obstante, esas Navidades su hija y su hijo volverían, así que tenía que disponerlo todo para cuando llegaran. Todo debía estar perfecto. Por eso les preparó una sorpresa: por primera vez, tendrían un árbol de Navidad auténtico, siendo esta una buena excusa para deshacerse del árbol artificial que habían usado cada año y tantos recuerdos le traía.

Fue al bosque y eligió un hermoso y magnífico árbol que le pareció que destacaba sobre el resto. Desechando la posibilidad de replantarlo tras las fiestas, lo taló, lo cargó en su vehículo y se lo llevó a casa. Lo colocó en el salón, en un rincón cercano a la chimenea.

Cuando sus hijos lo vieron quedaron asombrados y sus ojos transmitían tanta ilusión que no tardó en sacar la caja de los adornos. Incluso había comprado adornos nuevos. Los niños se repartían los que cada uno quería colocar. Reían. Su padre les ayudaba. Por un momento se olvidó de todo lo ocurrido, de los malos momentos, y sintió una felicidad completa al estar decorando el árbol con ellos. Una vez más, experimentó el calor de la familia. Daba gracias porque ese año sus queridos hijos estuvieran junto a él y después, sintió cierta nostalgia. Todavía amaba a la mujer que fue su esposa. A pesar de todo, la extrañaba mucho.

Tras decorar el árbol, el padre y sus hijos tomaron una merienda que él tenía ya preparada y, a la mañana siguiente, salieron al jardín nevado para hacer un muñeco de nieve. Los tres pasaron unos días de ensueño y ya se acercaba el gran momento: la llegada de Santa Claus.

Tras la cena de Navidad, los niños, nerviosos, se fueron a la cama, a sus antiguas habitaciones. Y en el silencio de la noche, un mudo lamento se apoderó del salón: se trataba del árbol. Sentía cómo su vida se acortaba. Los adornos pesaban en sus ramas. El calor de la chimenea durante la tarde le producía malestar. Añoraba el bosque, a sus hermanos, la luz del sol… Toda la felicidad que sentía el padre se traducía en una profunda aflicción en el árbol.

Entonces, en mitad de esa noche, alguien descendió por la chimenea. Un hombre de barbas blancas dejaba paquetes a sus pies, donde deberían estar sus raíces. Creyó que lo conocía, ya que había oído hablar sobre él a los niños. Debía ser Santa Claus. Entristecido, trató de comunicarse con él, de pedirle también un regalo: regresar al bosque. Solo eso. Volver a donde estaba antes. 

No obstante, aquel hombre parecía no poder escuchar sus súplicas. Tras dejar los regalos volvió a la chimenea y se marchó con cierta prisa. Aunque quien sí pareció entenderle fue un pequeño elfo que le acompañaba. Se le quedó mirando, como si le escuchase.
—¿Dices que quieres volver al bosque? —le preguntó y el árbol volvió a recobrar la esperanza.
—Sí. Por favor, ayúdame.
El elfo miró hacia abajo, entre los regalos, y se entristeció al ver que no tenía raíces. De repente, escuchó su nombre al otro lado de la chimenea. Santa le llamaba. Todavía quedaba mucho trabajo.
—No hay nada que pueda hacer yo y no tengo mucho tiempo, pero puede que…
Rebuscó en sus bolsillos y sacó una bola de Navidad, parecida a los adornos que colgaban de sus ramas, y la colocó también en una de ellas.
—Es un adorno mágico —aclaró el elfo enseguida—. Solo funciona el día de Navidad. Te lo presto, pero tendrás que devolvérmelo el próximo año.
El nombre del elfo volvía a salir de la chimenea.
—¡Tengo que irme ya! —exclamó—. ¡Feliz Navidad! —Y desapareció en cuestión de segundos. 

Aquella bola permaneció colgando en una de las ramas del árbol. Un ligero brillo moraba en su interior.

Pasó la noche y, por la mañana, los niños despertaron y fueron a por los regalos. Reflejados en la nueva bola, ni se percataron de que estaba allí. Los abrieron y poco después, se prepararon para salir junto a su padre.

Cuando el árbol se quedó completamente solo, el adorno emitió un fuerte destello y, de su tronco, comenzaron a salir raíces que atravesaron el suelo, hasta encontrar la tierra, de donde pudo por fin alimentarse, estaba desesperado por hacerlo. Después, sintió que sus ramas se podían mover y agitándolas fue desprendiendo todos los adornos de ellas, excepto el mágico. De alguna forma, se le habían concedido habilidades que podía usar a su voluntad.

Cuando el padre regresó, sin sus hijos, le llamó la atención ver todos los adornos esparcidos por el suelo. Durante unos instantes sintió cierto desconcierto, hasta que, repentinamente, surgieron unas enormes raíces que, atravesando el pavimento, atraparon sus pies. 

El desequilibrio propició que cayera hacia atrás. Trató de liberarse, pero todo esfuerzo fue en vano. Un intenso escalofrío recorrió su espalda en cuanto observó que sus pies comenzaban a convertirse en madera, como las raíces, y este efecto comenzaba a desplazarse hacia sus piernas. El resto de las raíces también salían al exterior y era como si, en esos momentos, el propio árbol pudiera desplazarse si se lo propusiera…

Al día siguiente, el árbol se encontraba de nuevo en el bosque, donde siempre estuvo, y dos objetos colgaban de sus ramas: uno de ellos era el regalo del elfo, que conservaría hasta que pudiera devolvérselo. El otro, parecía una figura humana tallada en madera. 

FIN



Y una cosita más:
En la siguiente entrada, podéis ver La Felicitación de Navidad de este año, donde los personajes de mis novelas os desean Felices Fiestas 😊




- Actualización 2/1/22 - 
 
Manuel Castilla reseña esta recopilación de relatos en Instagram: "Cinco historias relacionadas con la Navidad y con la oscuridad que se oculta tras ella. [...] El primero me ha parecido delicioso. [...] El quinto es el mejor." LEER RESEÑA COMPLETA.

Y también es recomendada por el escritor Fran Muñoz: "He elegido Indiscreta Navidad porque es muy cortito y efectista, un buen microrrelato, vamos." LEER RECOMENDACIÓN.

 

10 comentarios:

  1. ¡¡Hola M.A!! Fantástica recopilación de relatos navideños. Me gusta leer por esta época relatos navideños, y sin duda, los tuyos son los más inquietantes de todos. ¡Fantásticos! Besitos.

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    1. ¡Muchas gracias por tus palabras, Isabel! Y por pasarte por mi blog a leer durante todo el año.
      Un abrazo :)

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  2. Geniales relato mi preferido es el segundo. Te mando un beso

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    1. ¡Gracias! El de la oveja también es uno de mis preferidos je, je, je.
      Un abrazo :)

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  3. ¡Hola! Ha quedado muy buena la ilustración. Conocía los cuentos, pero merecía repasarlos porque son estupendos. Te felicito, de nuevo dejas una entrada de las que se recuerdan con interés y cariño. Un abrazo. ¡¡FELIZ NAVIDAD!!

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    1. Muchas gracias, Mari Carmen. Se me ocurrió rescatarlos para los nuevos lectores del blog y redes y están teniendo muy buena acogida, lo que me alegra mucho.
      Un abrazo y FELIZ NAVIDAD!! :)

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  4. Hey!! Qué puedo decirte yo, que no te hayan dicho ya... eres una crack. El que más me gusta es el primero. De todos modos, son todos un gran trabajo. Saludos y felices fiestas.

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    1. Muchas gracias, Keren. Me alegra mucho que te gusten los relatos.
      Un abrazo y FELICES FIESTAS!! :)

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