23 abril 2017

Relato Especial Aniversario El Rostro en el Laúd


¡Hola! Hoy día 23 de abril, hace un año que se presentó mi novela El Rostro en el Laúd, publicada por Ediciones Hades, y para celebrar este aniversario, he decidido escribir un capítulo extra de la novela, un relato breve que no aparece en el libro.

No es necesario haber leído antes la novela para leer el relato y aquellos que ya la hayan leído, encontrarán un pequeño extra de la historia.

Antes del relato y para poneros en contexto, os recuerdo la sinopsis de El Rostro en el Laúd:

Sinopsis


Julia, una historiadora de Sevilla demasiado obsesionada por su trabajo, reconoce en la galería de un coleccionista un antiguo laúd que cobija un grotesco rostro en sus entrañas. Recuerda entonces una vieja y oscura leyenda que pesa sobre él: se cuenta que hace varios siglos vivía un juglar a quien la gente temía, ya que cuando el músico tocaba el laúd, la desgracia se cernía sobre aquellos que lo escuchaban.

Dado su valor histórico, ella decide hacerse con ese lúgubre instrumento y antes de la transacción, el coleccionista le desvela que lo encontró uno de sus antepasados, el cual terminó demostrando un inusual temor hacia el mismo.

Pese a las advertencias, Julia lo adquiere y es a partir de entonces cuando comienzan a suceder a su alrededor una serie de extraños acontecimientos.


Los personajes que aparecen en este relato son el coleccionista y su abuelo (que también lo era, como indica el propio personaje en el libro cuando dice que su colección la comenzó su abuelo, la siguió su padre y actualmente es el quien sigue aportando objetos) y para seguir una estructura similar a la novela, este breve capítulo se narra a partir de estos dos personajes con distintas voces narrativas.

¡Allá va!

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Relato Especial Aniversario El Rostro en el Laúd:
El coleccionista

Manuel, el abuelo del coleccionista
Manuel era un conocido coleccionista en el municipio sevillano donde residía. Su inmensa galería era sorprendente. Poseía objetos procedentes de distintas épocas que podían tildarse de singulares o extravagantes.  

Pasaba horas frente a ellos, observándolos… pensando en la rareza de los mismos, imaginando dónde estuvieron en épocas anteriores, quiénes habrían hecho uso de ellos o dónde pasaron sus años de máximo esplendor.

David, el coleccionista (personaje que indico en la sinopsis)
Mi padre heredó la colección de mi abuelo y yo la heredé de mi padre, al igual que me transmitieron un gran interés por las piezas de origen histórico. Mi padre aumentó la colección del suyo y yo continué ampliándola. Siempre nos ha gustado exhibir las piezas. Compartir con aquellos interesados por la historia, como nosotros, todos estos objetos curiosos que tanto esfuerzo nos costó reunir y de los que siempre estuvimos orgullosos.

Manuel
Entre los objetos de su colección se encontraba un antiguo laúd que halló en el campo, apoyado en el tronco de un grueso y solitario árbol.

Cuando le pareció distinguir el instrumento en la lejanía se acercó hasta él. Era un día caluroso. Bajo la sombra del árbol se quitó el sombrero y limpió el sudor de su frente. Observó el laúd. Miró a sus alrededores. Aquel instrumento no parecía tener dueño.

Lo tomó del mástil para inspeccionarlo y magna fue su sorpresa cuando en su interior, en el hueco, halló un grotesco y espeluznante rostro cuyos ojos desprendían una intensa y siniestra mirada.

Durante unos instantes, se vio sacudido por el impacto de la sorpresa, pero después continuó examinando el instrumento y, por su experiencia, adivinó que se trataba de una pieza antigua.

Lo llevó a su casa y antes de hacerlo de su propiedad estuvo preguntando en incontables ocasiones por el dueño del laúd, pero nadie lo reclamó.

David
Pero había un objeto… Un objeto que todavía formaba parte de la colección y que mi abuelo quiso mantener cautivo bajo una gruesa tela rodeada por cuerdas unidas entre sí por fuertes nudos.  Mi padre me contó que se trataba de un viejo y desgastado instrumento que despertó en mi abuelo el terror más demencial.

Manuel
Expuso el laúd junto a otras piezas de su colección. Lo miraba durante horas, preguntándose por la razón de la existencia de tal instrumento. Y la curiosidad crecía en él a medida que pasaban los días.

Una de las tardes en las que observaba el laúd, tomó su pipa y se dispuso a encenderla. Cogió de su bolsillo una caja de cerillas. De ella, sacó una. La deslizó por la propia caja y a la primera chispa le siguió un pequeño brote de fuego que consumió la madera de la cerilla en el acto y que casi alcanza su dedo. Tuvo que soltar la cerilla chamuscada y pisarla en el suelo.

Sin darle más importancia a este pequeño suceso, tomó otra. La deslizó y la cerilla se encendió con normalidad. La acercó a la pipa para encenderla y mientras prendía, miró hacia el laúd. En ese momento, le pareció que el enfoque de los ojos del rostro era diferente. Perplejo, alejó lentamente la cerilla, aún encendida de la pipa, casi de forma involuntaria y se percató de que las siniestras pupilas se movían en dirección al fuego.

Quiso comprobarlo. Acercó la cerilla al laúd y la movió lentamente de un lado a otro. Para su sorpresa, los ojos seguían la trayectoria del fuego mientras la cerilla llegaba a su fin y entonces se apagó.

Rápidamente, tomó otra y la volvió a encender. La aproximó al instrumento y realizó la misma prueba. Los ojos volvían a perseguir el fuego, pero esta vez, la llama comenzó a palpitar con intensidad. Detuvo su mano y, al momento, sintió una presencia tras él. En ese instante tuvo la certeza de no estar solo en la sala que albergaba su colección.

David
A mi padre le perturbaba la historia de mi abuelo y el laúd, pues me contó que había sido testigo de ciertas extrañezas. Pero yo era más incrédulo con respecto al instrumento. No sé si era porque no lo había llegado a ver o porque esos sucesos me resultaban difíciles de creer.

No obstante, el deseo de mi abuelo era que el objeto permaneciera envuelto tal y como lo dejó y no tuve demasiado interés por contrariarle. De todas formas, había otras piezas en la colección que admiraba más y con el tiempo, me fui olvidando del instrumento.

Manuel
Se decidió a mirar hacia atrás, pero antes de hacerlo, el fuego de la cerilla tocó sus dedos. Tuvo que soltarla, se despistó unos segundos, terminó de girarse, pero no encontró a nadie.

A partir de entonces, su comportamiento fue cambiado precipitadamente. Aseguraba tener pesadillas en las que se veía rodeado por enormes llamas. Decía que el laúd estaba vivo y que siempre se sentía acechado. Su esposa mencionaba que vociferaba cada vez que acudía a la sala de la colección, como si se dirigiera a alguien. Cuando antes apreciaba estar en soledad, continuamente reclamaba compañía. Culpaba al laúd de sus estremecedores sueños, decía escuchar extrañas melodías a cada instante.

Envolvió el laúd en una gruesa tela la cual ató con cuerdas, con todas sus fuerzas. No soportaba más la mirada de ese rostro, pero esto no hizo que su estado de delirio mejorase.
A petición de su esposa, fue trasladado a casa de unos parientes para alejarlo del instrumento. Sin embargo, incluso estando allí, no cesaba su inquietud, ni dejaba de referirse a él una y otra vez. Juró que cuando regresara, lo destrozaría.

Pero no regresó. Unos días después de proferir su amenaza, un repentino infarto se lo llevó.

El laúd permaneció en la colección. Oculto bajo la tela.

David
Hasta que alguien se interesó por descubrirlo, Julia. Por algún motivo, ese instrumento llamó su atención. Le di mi permiso para que lo desenvolviera porque se trataba de una historiadora y pensé que podría merecer la pena que alguien como ella le echase un vistazo.

Le hablé brevemente sobre mi abuelo y su rechazo hacia el instrumento, pero ella lo consideró una pieza importante. Lo quería y, siendo sincero, yo deseaba sacarlo de la galería. Si no podía exhibirlo, a mi parecer se trataba un objeto inútil y, en cierta forma, seguiría respetando el deseo de mi abuelo, aquel objeto no sería expuesto en la colección si ella se lo llevaba. 

FIN


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También me gustaría dejaros el fragmento del libro en el que Julia encuentra el laúd en casa del coleccionista para que veáis / recordéis dónde se menciona a estos personajes:


Julia es invitada por la esposa del coleccionista, Irene. Ella acude a la casa con otras personas con las que trabaja en un proyecto sobre historia:

 El marido de Irene les llevó a una sala repleta de objetos […] tan difíciles de encontrar como de coleccionar. Sin embargo, confesó que no fue solamente obra suya: había seguido la tradición de su padre y de su abuelo por acumular todo tipo de piezas históricas.

[…]

En una de las esquinas de la habitación (Julia) vio algo envuelto en una tela fuertemente atada con gruesas cuerdas desgastadas. Por la forma, era evidente de qué objeto se trataba, no cabía la menor duda: debía ser un laúd. Pidió permiso al dueño para descubrirlo y examinarlo y él se lo concedió. […] Ella lo apoyó sobre una mesa y trató de desatar las sogas. Parecía que el laúd había sido envuelto hacía décadas. La tela estaba polvorienta y los nudos, fuertemente apretados, eran difíciles de deshacer. Quienquiera que lo hubiera embalado, confiaba en que nadie pudiera acceder a él. Pero con un poco de paciencia y ayudándose de las uñas, Julia logró desprender un par de nudos, lo cual resultó suficiente para quitar la tela y descubrir el instrumento.
Enseguida supo que estaba en lo cierto, obviamente era un laúd que parecía tener siglos, pero no se trataba de un laúd común. Su superficie distaba mucho de ser lisa y uniforme, el acabado era demasiado tosco y se acusaba en la madera unos fuertes síntomas de deterioro. Sin embargo, sobre todo eso, algo le llamó aún más la atención: distinguió en el interior del laúd, a través del hueco o boca (desprovista de una clásica decoración enrejada), tras las cuerdas, la imagen de un rostro indescriptiblemente grotesco que le propinó una espeluznante sensación de inquietud y repulsión. Apartó su vista unos instantes y tras reflexionar unos momentos, ella reconoció ese laúd. Recordó que había una leyenda en torno a él que le otorgaba un gran valor. 

[…]

El marido de la señora Irene le contó  que ese laúd llevaba mucho tiempo en su familia y que fue su abuelo quien lo encontró, pero que desde que tenía uso de razón, lo recordaba envuelto, ya que su pariente insistía en que no deseaba que fuera expuesto, transmitiendo un constante rechazo y temor hacia el instrumento. Con el tiempo, se quedó olvidado en ese rincón, respetando la decisión de su antepasado. 



Si queréis conocer más sobre la novela, podéis leer el primer capítulo completo en la vista previa de Amazon. Este es el enlace:


Y por último, esta es la página web que hice para la novela, donde podéis encontrar una recopilación de entrevistas, reseñas y material de este tipo relacionado con El Rostro en el Laúd.


Espero que os haya gustado este especial aniversario y ¡feliz día del libro!

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6 comentarios:

  1. ¡¡Vaya privilegio!! Poder leer un capítulo extra de tu novela es fantástico. La verdad es que cada vez me parece más interesante y me intriga más. ¡¡Tiene una pinta estupenda!! Besitos y felicidades por este primer aniversario.

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado esta iniciativa de aniversario. Un abrazo :)

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  2. Felicidades por ese primer aniversario y que sean muchos más. Un besazo

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  3. ¡Hola! Está genial este maravilloso apéndice del libro. Implementa una información muy efectiva. De verdad que lo veo oportuno, me gusta de veras.
    En realidad si soy sincera te diré que “El Rostro en el Laúd” merece una segunda parte, ya que a todos nos ha dejado con ganas de más. ¡Dios mío, un año ya! Feliz aniversario, M.A.
    He leído la entrevista que te hacen en La reina lectora, pasé a La sala de espejos, en ella puedo verte tal como eres, tal como te imaginé: luchadora e incansable.
    Respecto a la ficción sonora de El maletero, me alegra que haya salido adelante, un proyecto rico, constructivo. De momento lo he escuchado en condiciones muy deficitarias, espero arreglarlo esta misma noche incorporando al equipo los altavoces, no sé dónde me los han metido. Te contaré mis impresiones lo antes posible. Aunque estoy segura de que todo se ha realizado con éxito, el relato es de muy buena calidad. Te felicito, los de tu público te queremos siempre ahí, que tus textos no nos falten. Un beso.

    Mari Carmen C.

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    1. ¡Hola! Qué bien que te haya gustado este relato. La verdad es que me estoy planteando lo de la segunda parte, ya tengo algunas ideas :).
      La entrevista en La Reina Lectora está genial, la administradora del blog ha hecho un gran trabajo, y la ilustración me encanta, me alegra mucho que la hayas leído. Espero que puedas escuchar pronto El Maletero. Seguiré luchando. Un abrazo :)

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